Archivo mensual: mayo 2014

Cómo el 15M ha innovado la comunicación de la protesta social

 

Comunicación y  activismo en red (*)

Los hackers, que nos hemos mantenido más allá de las fronteras desde mucho antes del nacimiento del movimiento 15M, queríamos transmitir también esta filosofía en nuestro nombre, ya que el propio movimiento desde el principio fue mucho más que “Sol”. En la primera de las interasambleas ya se pusieron los cimientos para crear el grupo técnico interplazas 15hack“.

Ahora que el proceso ha finalizado, y hackers de distintas plazas repartidas por todo el estado tienen un punto de encuentro en ese grupo técnico, sólo queda cerrar el círculo, la despedida. Nos vamos. Seguimos”

(HACKSOL (2012) “Nos vamos. Seguimos“)

 Si en un ámbito ha quedado patente la capacidad innovadora y el potencial del nuevo activismo en red ha sido, más allá de sus mecanismos de auto-organización y de sus formas de acción creativas, el de la comunicación.

Campañas como “Toque a Bankia”, “15MpaRato” o movimientos como la “PAH” y los “Iaioflautas” muestran nuevas maneras de “ganar” las batallas que, en torno a los códigos (esos “poderosos recursos simbólicos que enmarcan la información” y refuerzan el sistema), se están librando.

En la movilización social, la comunicación se ha empleado históricamente para crear identidades colectivas, señalar al oponente y construir un nuevo marco interpretativo. Sin embargo, estos procesos presentan, en el nuevo activismo en red, numerosas peculiaridades: la creación colaborativa, la difusión distribuida multicanal, la remezcla, el contagio, la auto-formación o las tácticas de guerrilla, son elementos que intervienen estratégicamente para dar como resultado unas prácticas de comunicación que, apoyadas en las tecnologías y el poder de las redes, están siendo determinantes.

El papel de la tecnología

Las prácticas de comunicación del 15M guardan una estrecha vinculación con lo que se ha venido en llamar “nuevo ecosistema mediático”.

El nuevo activismo ha aprovechado estratégicamente los cambios que en las últimas décadas se han producido (acceso a las tecnologías, difusión de habilidades, desplazamiento de los medios) en su enfrentamiento con el poder.

La ausencia, en general, de la prensa de los nuevos fenómenos de protesta (además de permitir la creación de una red de canales informativos alternativos donde cada activista es un medio y arrebatar la potestad de “crear la realidad”) ha propiciado la propagación de saberes expertos, que se enseñan o se contagian, y que son clave, más allá de su misión original (suplir, completar o corregir la labor informativa del periodismo profesional), al estar listos para cuando una acción o campaña así lo requiera.

La autonomía para informar permite romper el silencio de los medios mainstream y dar visibilidad al discurso de la protesta o a episodios de confrontación, que, de otro modo, hubiesen quedado ocultos o atenuados; la capacidad para crear “realidad”, ha hecho posible alterar valores consolidados (qué es aceptable, justo, lícito y qué no lo es…) y, aún más importante: el proceso de difusión de todo ello ha permitido articular redes de solidaridad y empatía, sustrato de las nuevas protestas, cuyas acciones transcienden, de forma cotidiana, el ámbito virtual.

Pero la tecnología tiene una influencia más de fondo. Como hace décadas se advertía en sindominio.net: “el ciberespacio —digámoslo una vez más—  no es una herramienta, no es una infraestructura: es un determinado modo de utilizar las infraestructuras existentes; en suma, el ciberespacio es un tipo particular de relación entre personas, un verdadero movimiento social que se ha desarrollado al margen de Estados y multinacionales sobre una base de funcionamiento cooperativo”.

Con la tecnología no solo llegaron nuevas formas de comunicación  al activismo en red, también unos valores, los de la ética hácker, que impregnan todas sus prácticas.

La multitud emisora

En los movimientos sociales, una de las funciones de las narrativas es la creación de la identidad colectiva. En el nuevo activismo, sin embargo, esto presenta algunas peculiaridades.

Una de ellas, es que la identidad colectiva puede ser algo efímero, como cuando se construye en torno a una etiqueta en twitter, que dura lo mismo que dura la acción. Otra, la principal, es su carácter inclusivo: frente a identidades colectivas que se refuerzan por contraste con el contrario (partidos políticos, religiones, equipos de fútbol…), en las nuevas revoluciones en las que el actor es la multitud, la identidad se crea en torno a esa idea. Lo hemos visto en frases como “Todos somos Khaled Said”, en Egipto; “Somos Legión”, de Anonymous; “Somos el 99%” del movimiento Occupy o “Marcos es todas las minorías intoleradas, oprimidas, resistiendo, explotando, diciendo “¡Ya basta!“, de los zapatistas.

Es lo que ha venido ocurriendo en el 15M desde sus inicios: “Parece como si el 15M fuera plenamente consciente de que (…) precisa de máscaras que difracten toda tentativa de identificación y división”, escribía Raúl Sánchez Cedillo.

El sujeto de la protesta como multitud anónima, resumida en el mencionado eslogan “somos el 99%”, tiene una enorme transcendencia estratégica, como apuntaba el propio  Sánchez Cedillo ya en 2007, o Fernández Savater: Por un lado, estrecha el concepto de enemigo, reducido al simbólico 1 por ciento, “los de arriba” y, por otro, alude a la ausencia de referencias rígidas (izquierda/derecha): “…de alguna manera, decir “Somos el 99 por ciento” en tu propia práctica te obliga a estar abierto: nunca eres ese porcentaje, es una cuestión simbólica, pero si lo afirmas, te obligas a tener en cuenta al otro”.

De los “memes” a la construcción de una narrativa: los mensajes del 15M

En alguna ocasión he escrito que “las revoluciones empiezan con una historia perdedora que hay que re-construir”.

En este camino, de creación de una nueva narrativa, los mensajes del 15M han cumplido distintas funciones:

– Crear un nuevo el marco interpretativo que altere los valores y las reglas de las narraciones vigentes: (“no es una crisis, es un atraco”);

– Señalar al oponente destacando los atributos que se combaten (“Tu Botín, mi crisis”, haciendo un juego de palabras con el nombre del presidente del Banco de Santander; “No hay pan para tanto chorizo”, en alusión a la corrupción políticos o, contra el conformismo o silencio de los medios: “The €nd$ justify the media” o “Apaga la tele, toma la calle”);

– Enfatizar los daños (“Violencia es cobrar 600 euros”, “No vas a tener casa en tu puta vida”, Casas sin gente, gente sin casa”, “Rescatan al banquero, desahucian al obrero”);

– Romper las legitimidades (“No nos representan”).

– Responder a las narraciones de los oponentes: “No necesitamos la violencia, tenemos la razón”, “Violencia es no llegar a fin de mes”, “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, “Pienso luego estorbo”,  “No somos antisistemas, el sistema es antinosotros” o  “350 diputados y unos cuantos banqueros no pueden poner patas arriba un país“, en respuesta a la frase del exvicepresidente y exministro del Interior del Psoe, Pérez Rubalcaba “200 personas no pueden poner patas arriba un país”[2] con las que justificaba el desalojo violento de una concentración frente a su ministerio; o “Esto en una mamandurria”, que devolvía la expresión usada por la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid para justificar los recortes en los servicios públicos.

– Legitimar nuevas formas de protesta, como los escraches, o no tan nuevas, como la okupación de viviendas no habitadas o  los encierros.

Además de cumplir estas funciones, los mensajes del 15M han sido especialmente eficaces en hacer saltar los límites de la protesta, pasando de demandas concretas a cuestionar el funcionamiento actual de la democracia. La pretensión es la transformación del sistema, que queda de manifiesto en frases como: “Democracia no es votar cada cuatro años” o “Error del sistema”, “Reinicia” o “Alt+Ctrl+Sup”, interesantes, además, porque se apoyan en expresiones vinculadas a la informática ampliamente asumidas.

Técnicas: la comunicación de guerrillas

Gran parte de las acciones de comunicación del 15M se sitúan en la esfera del “culture jamming” [“Interferencia cultural”], un movimiento artístico cuyo repertorio se basa en la “comunicación de guerrilla” como forma de activismo contra la uniformidad cultural, el consumismo y los valores que transmiten las grandes corporaciones.

El colectivo “RTMark” fue quien llevó a las redes digitales estas formas de acción del “cultura jamming”. Estos “artivistas”, pioneros del activismo online (habían empezado a finales de los ochenta como un “tablón de anuncios” -Bulletin Board o BB-, que empleaban “para crear redes” y al que se llegaba principalmente mediante el boca a boca),  fueron los promotores de la “Organización por la Liberación de Barbie”: una acción que consistió en alterar la caja de voz de, según dijeron, decenas de muñecas de Barbie para sustituir las expresiones sexistas de la grabación por las de otro juguete: el soldado “G.Joe”.

El activismo del “culture jamming” parte de la idea, siguiendo las tesis del semiólogo francés Roland Barthes, de que alterar el código es más subversivo que destruirlo.

Los códigos, como decía Snow,  son “poderosos recursos simbólicos que enmarcan la información” y refuerzan el sistema. Por eso es tan relevante la batalla que se desarrolla en torno a ellos.

Las técnicas, que, como explica el colectivo grupo autónomo A.F.R.I.K.A.  en su libro “Manual de Guerrilla de la Comunicación”, se definen como “formas no-convencionales de comunicación e intervención en procesos convencionales de comunicación”,  incluyen: la “tergiversación” o “distanciamiento”, los collages y montajes, la “sobreidentificación” y “afirmación subversiva” y la suplantación (o “fakes”)Todas ellas buscan resaltar las situaciones que se denuncian o erosionar la imagen y posición del oponente, ridiculizándola muchas veces.

Los mensajes en el “culture jamming” se basan en “memes”, término acuñado por el etólogo británico Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta” (1976), para designar “las unidades de información cultural transmisibles de un individuo a otro, de una mente a otra o de una generación a la siguiente”.

Todo ello está presente en las acciones comunicativas del 15M, como también en el resto de movilizaciones en red que hemos vivido, desde Estambul a Nueva York. “Adbusters”, un colectivo anti-consumista canadiense creado en 1989 y editores desde 1994 de la revista de “artivismo” de igual denominación, también forma parte de esta corriente cultural. En el verano de 2011, “Adbusters”, creó  un cartel para una movilización que llevaban fraguando semanas.  El póster era un montaje que mostraba una bailarina en equilibrio sobre la imagen del toro desbocado de la Bolsa de Nueva York, con un eslogan “¿Cuál es nuestra demanda?” y un llamamiento: “#OccupyWallstreet – 17 de septiembre –Trae tienda de campaña”. Fue el origen del movimiento “Occupy”.

El “remix” en los mensajes y contenidos del 15M

Del remix también resultan productos culturales que buscan ser subversivos y que funcionan como armas para el activismo. Pueden consistir en la mera manipulación de una imagen para su distribución online, como la que mostraba al presidente del Banco de Santander con la pancarta “Stop Activismo”. Otras, son campañas más amplias y pueden incluir iniciativas tanto online como presenciales y diferentes soportes. Este fue el caso de que tuvo por eslogan “La Caixa es Mordor” o “OccupyMordor”, en la que se equiparaba al banco catalán con la región de los malvados de la trilogía “El Señor de los Anillos”, símbolo de la oscuridad y la destrucción.

Fakes o suplantación de identidades.

Los “fakes” (o suplantación de identidades) pueden materializarse en perfiles falsos en Twitter o en webs modificadas en los que se ridiculiza, mediante la exageración, los atributos del contrario.

Exageraciones.

Una forma de hacer evidente la realidad que se intenta combatir es llevarla hasta el límite, despojándola de matices. De este modo, es habitual que, sobre todo en la remezcla de contenidos originales, se busque la exageración hasta el absurdo como forma de crítica, tremendamente eficaz.

Tergiversación.

Consiste en cambiar el contexto previsible de un mensaje. En los carteles del 15M es muy frecuente, provocando con esta ruptura del relato un efecto de desconcierto y llamada de atención para acentuar la crítica.

 Comunicación y activismo

Todas las formas de comunicación desempeñan funciones clave en la acción colectiva. Es algo sobre lo que la sociología de los movimientos ha dirigido su atención desde la Escuela de Chicago hasta las más recientes Teorías de Movilización de los Recursos (TMR) y de los Nuevos Movimientos Sociales (NMS).

En uno de los informes pioneros sobre los conflictos en red (“Networks and Netwars”. 2001,  RAND) , se apuntaba que “las redes como otras formas de organización, se mantienen cohesionadas por las narrativas, las historias, lo que la que gente dice. Por eso, de quién sea la historia que gana es un aspecto vital de todos los tipos de conflictos en red (netwars)”.

Las victorias en el nivel narrativo pueden ser por lograr alterar la agenda pública (dando visibilidad a problemas y realidades que permanecen ocultas) pero, sobre todo, por transformar el marco interpretativo (valores, categorías) en que estas situaciones se presentan y en el terreno de las legitimidades, las que se arrebatan y las que se ganan.

¿ESCUCHARON?

Es el sonido de su mundo derrumbándose.
Es el del nuestro resurgiendo.
El día que fue el día, era noche.
Y noche será el día que será el día.

 Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. 21 de diciembre 2012

 

* Resumen del artículo “La batalla de las historias.  Análisis de las prácticas de comunicación del 15M”, presentado en el encuentro “15Mp2p“, organizado por el grupo “Comunicación y Sociedad Civil”, de la UOC y cuyas comunicaciones  acaban de presentarse en forma de libro.